El Instituto de Pesca (IP-APTA), perteneciente a la Secretaría de Agricultura y Abastecimiento del Estado de São Paulo, se encuentra desarrollando soluciones científicas estratégicas con el objetivo de transformar la sanidad de la piscicultura en Brasil. Esta iniciativa busca fortalecer la prevención de enfermedades y disminuir drásticamente el uso de antimicrobianos en la actividad acuícola. Las líneas de investigación forman parte del Centro de Ciencia para el Desarrollo de la Sanidad en la Piscicultura (CCD Sanidade), un consorcio científico financiado por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP).
De acuerdo con los datos estadísticos del anuario de la Asociación Brasileña de Acuicultura (PEIXE BR), la tilapia (Oreochromis niloticus) se consolida como una de las especies más cultivadas a nivel global y lidera la producción nacional en el país sudamericano, donde representa más del 68 % del total de los pescados de cría. En el contexto regional, la producción del estado de São Paulo superó las 88.000 toneladas durante el año 2025.
No obstante, la vertiginosa expansión de este sector productivo conlleva desafíos sanitarios de alta complejidad. Los brotes infecciosos causados por patógenos específicos, tales como la bacteria Francisella orientalis y el virus Megalocytivirus pagrus1 (subtipo ISKNV), se posicionan como las mayores amenazas biológicas actuales, provocando elevadas tasas de mortalidad y severas pérdidas económicas para los productores locales.
Históricamente, el control de estos cuadros patológicos ha dependido de la administración de tratamientos antibióticos y de manejos sanitarios tradicionales. Sin embargo, el uso frecuente de estos fármacos ha comenzado a limitarse de forma rigurosa debido a la preocupante aparición de resistencia bacteriana. Este fenómeno biológico ocurre cuando los microorganismos desarrollan mecanismos de supervivencia frente a medicamentos que antes resultaban eficaces, lo que compromete la efectividad terapéutica y representa uno de los desafíos globales más críticos dentro del enfoque de Una Sola Salud (One Health), el cual interconecta la salud humana, animal y ambiental.
Entre las herramientas biotecnológicas en fase de desarrollo se encuentran las vacunas inactivadas y las vacunas de ADN, diseñadas específicamente para estimular el sistema inmunológico de la tilapia frente a los patógenos de interés. Estas tecnologías poseen la versatilidad de ser administradas mediante inyección o directamente a través de la alimentación de los peces, ampliando así sus posibilidades de aplicación práctica en las fincas comerciales.
Otra de las áreas prioritarias del programa consiste en la selección genética de poblaciones de peces que muestren una mayor capacidad innata para sobrevivir a las infecciones. En paralelo, el equipo científico invierte en el diseño de kits de diagnóstico rápido para el campo, capaces de identificar de manera temprana y oportuna la presencia de Francisella orientalis y del subtipo ISKNV de forma directa en los centros de producción.
Según el investigador del Instituto de Pesca, Leonardo Tachibana, la solución definitiva para el sector no consiste en incrementar los tratamientos, sino en perfeccionar las medidas de prevención. «Necesitamos reducir la dependencia de los antibióticos y ofrecer alternativas sostenibles a los productores», enfatizó el experto.
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