Se ha descubierto que el parásito Gyrodactylus cichlidarum, un gusano muy común en el cultivo de tilapia, tiene una relación estrecha y peligrosa con bacterias del género Aeromonas. El estudio empleó tecnologías avanzadas, como la microscopía electrónica de barrido y la espectrometría de masas (MALDI-TOF MS), una técnica que identifica microorganismos a través de sus proteínas, para analizar las comunidades bacterianas presentes tanto en los peces como en los parásitos.
El hallazgo más alarmante para los productores es que el grupo bacteriano predominante en los parásitos fue precisamente Aeromonas, incluyendo especies como A. veronii y A. caviae. Los resultados demostraron que estos pequeños gusanos poseen su propia comunidad bacteriana, independientemente de su entorno. Mientras que otras bacterias predominaban en el agua y la piel de la tilapia, el parásito actuó como un verdadero reservorio concentrado de patógenos.
El descubrimiento sugiere que el parásito podría actuar como vector, es decir, un portador que lleva la bacteria directamente al pez. Gyrodactylus cichlidarum se adhiere a la piel de la tilapia mediante anzuelos que perforan el tejido para alimentarse, rompiendo así la primera línea de defensa del animal. Esta acción mecánica, combinada con la presencia de bacterias en el cuerpo del gusano, facilita infecciones secundarias que aumentan drásticamente la mortalidad en los tanques de piscicultura, especialmente en los peces jóvenes.
En la práctica, esto significa que controlar estas plagas en la acuicultura es un desafío aún mayor. Esta relación podría ser lo que la ciencia denomina simbiosis, donde el parásito y la bacteria se ayudan mutuamente. Los científicos creen que la bacteria podría proporcionar funciones metabólicas que el parásito perdió durante la evolución, mientras que las toxinas liberadas por la bacteria ayudan al gusano a aprovechar mejor al hospedero. Combatir el parásito también podría requerir un manejo riguroso de las infecciones bacterianas asociadas.
Comprender esta conexión entre lombrices y bacterias abre nuevas puertas a estrategias de tratamiento más efectivas en la producción de tilapia. Si el parásito depende de estas bacterias para sobrevivir o volverse más agresivo, el control bacteriano puede convertirse en una herramienta valiosa para reducir la carga parasitaria en las granjas.
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