La Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España trata del primer análisis integral a escala nacional que identifica y caracteriza los riesgos asociados al cambio climático en ese país. Su finalidad es proporcionar una base científica y metodológica sólida que oriente la planificación de políticas públicas de adaptación, la gestión del riesgo climático y la integración de la variable climática en la toma de decisiones estratégicas.
El informe analiza 14 sectores y el capítulo referido a la “Agricultura, ganadería, pesca, acuicultura y alimentación”, destaca un sector “esencial” y que, precisamente, uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta es el del cambio climático. “Su dependencia directa de factores climáticos, así como de recursos esenciales como el suelo y el agua, hace a estas actividades especialmente vulnerables”, se recoge en el informe.
Entre los principales peligros, y a nivel general (sector primario), se mencionan el aumento de temperaturas, el incremento de periodos de sequía y la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos, factores que, sumados al riesgo de desertificación que afecta a gran parte del territorio español, agravan la situación y exigen medidas de adaptación urgentes. En esta línea se indica que, para garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo, es imprescindible la implementación de estrategias integrales que combinen medidas de adaptación y mitigación. Y que estas estrategias deben estar orientadas a aumentar la resiliencia del sector frente a los efectos del cambio climático considerando las particularidades de cada territorio.
Los riesgos relevantes del sector primario son aquellos que tienen un alto potencial de generar consecuencias adversas en la producción de alimentos, afectando a la operatividad, productividad, rentabilidad y sostenibilidad de éste. Estos riesgos surgen de la interacción entre las amenazas climáticas, la exposición y vulnerabilidad que caracteriza el sector, y pueden cambiar con el tiempo y el espacio debido a cambios socioeconómicos y a decisiones humanas.
En términos de elementos expuestos al riesgo, se señala que los elementos de exposición comprenden las áreas de acuicultura y las zonas pesqueras marinas. Y que los peligros más relevantes para la pesca y la acuicultura incluyen el incremento de temperatura del agua, las olas de calor (marinas y en cuerpos de agua dulce), la acidificación del océano, la variabilidad en la disponibilidad de agua dulce, y, en zonas costeras, la elevación del nivel del mar.
En el caso de la acuicultura, el aumento de la temperatura del mar supone un desafío adicional, ya que afecta al crecimiento y desarrollo de las especies cultivadas y aumenta la dependencia de fuentes externas de alimentación, encareciendo los costos de producción, al tiempo que favorece también la proliferación de enfermedades y parásitos “lo que lleva a una vigilancia sanitaria reforzada, a la selección de especies resistentes y a adoptar técnicas de acuicultura ajustadas a las condiciones cambiantes”.
Promover una gestión sostenible de la actividad pesquera y acuícola, así como la recuperación de los stocks pesqueros podrían ayudar a compensar las pérdidas económicas y garantizar la viabilidad del sector. También que es crucial extender los sistemas de alerta temprana ante eventos extremos y contaminación marina a través, por ejemplo, del uso de tecnologías avanzadas y medios de comunicación, así como de la mejora del acceso a la información. Se añade que ciertos estudios contemplan también la necesidad de una planificación espacial adecuada de las instalaciones, e incluso su reubicación en zonas menos afectadas.
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