La integración del cultivo de cachama (Colossoma macropomum) y el sábalo (Prochilodus lineatus) ha demostrado una reducción sustancial del impacto ambiental en comparación con el monocultivo tradicional. Así lo revela un estudio realizado por investigadores de Embrapa Pesca y Acuicultura, en colaboración con la Universidad Estatal de São Paulo (Unesp) y el Instituto Nacional Francés de Investigación Agroalimentaria, Alimentaria y Ambiental (INRAE). La investigación aplicó el Análisis del Ciclo de Vida (ACV) para medir la huella ecológica de ambos sistemas de producción, abarcando desde la extracción de la materia prima hasta la salida de los peces de la granja.
Desafíos del monocultivo
La cachama es la segunda especie más producida en Brasil, con una fuerte presencia en la región amazónica debido a las preferencias del mercado y las restricciones regulatorias sobre especies no nativas. Sin embargo, la acuicultura moderna suele basarse en sistemas de monocultivo que dependen de formulaciones comerciales e insumos externos. Esta intensificación puede limitar el uso óptimo de los recursos y generar desechos, lo que resulta en la descarga excesiva de nutrientes al medio acuático y un aumento de la huella de carbono. El principal desafío del sector es mantener una alta productividad al tiempo que se reducen estos impactos ambientales negativos.
Apostar por la integración multitrófica
Para encontrar un modelo más equilibrado y circular, los científicos evaluaron un Sistema Integrado de Acuicultura Multitrófica (SIAM) a escala piloto utilizando estanques excavados de 600 metros cuadrados durante siete meses de engorde. Se eligió el sábalo por ser una especie detritívora de bajo nivel trófico, capaz de aprovechar la materia orgánica y los desechos no consumidos. En este escenario, la cachama actuó como especie objetivo alimentada con pienso comercial, mientras que el sábalo recicló el exceso de nutrientes directamente del medio de cultivo.
Aumento significativo de agua y nutrientes
El sistema integrado registró disminuciones en las nueve categorías de impacto ambiental evaluadas. El resultado más notable fue una reducción del 38 % en la dependencia del agua: se necesitaron 11 metros cúbicos de agua en el sistema integrado, en comparación con los 18 metros cúbicos del monocultivo, por cada kilogramo de pescado producido. Los investigadores plantean la hipótesis de que el comportamiento de búsqueda de alimento de los sábalos en el fondo de los estanques altera la compactación del suelo, reduciendo la pérdida de agua por infiltración. Además, la eutrofización de agua dulce disminuyó un 21 %, como resultado de una menor liberación de fósforo al ecosistema local.
La eficiencia alimentaria como motor de la sostenibilidad
Otros beneficios de la integración incluyeron una disminución del 17 % en el uso de la tierra, una reducción del 12 % en la acidificación y la demanda energética acumulada, y una reducción del 9 % en el impacto sobre el cambio climático. Según la investigación, la reducción general de los impactos se debió a una mejora significativa en la conversión de alimento y la recuperación de nutrientes del sistema a partir de la biomasa combinada de las dos especies. Si bien el alimento sigue siendo el principal contribuyente a la demanda energética y las emisiones de gases de efecto invernadero, el cultivo intercalado con especies nativas complementarias demostró ser una estrategia eficaz para optimizar los insumos y promover la sostenibilidad ecológica en la producción de cachama.