Editorial:
HACIA UNA LEY DE ACUICULTURA PARA LA VENEZUELA DEL SIGLO XXI
La acuicultura global es mucho más que una actividad económica en crecimiento sostenido. En la actualidad, constituye la mayor garante de la seguridad alimentaria y el desarrollo socioeconómico de las naciones con visión de futuro. Definitivamente, no es el caso en nuestro país, a pesar de su conocido potencial. En Venezuela, nuestra organización, como ente sin fines de lucro comprometido con la sostenibilidad y la productividad, reúne a los actores clave para impulsar este cambio. Sin embargo, para que el sector acuícola materialice sus bendiciones sobre el país, debemos abordar con urgencia una transformación estructural que comience por su base legal.
El Diagnóstico: Un Traje a la Medida, No un Retazo.
Históricamente, la acuicultura nacional ha operado bajo la sombra de la Ley de Pesca. Aunque son actividades colindantes en espacios y coherentres en rubros objetivo (organismos acuáticos como peces, moluscos y crustáceos), sus naturalezas son contrastantes: el acuicultor no es un extractor, es un multiplicador, un productor agropecuario de biomasa controlada. Actualmente, el espíritu de nuestra normativa es controlador y punitivo, compatible con la pesca, cuando lo pertinente con la acuicultura es que sea promotor y facilitador.
En esta edición de El Acuicultor, hacemos un llamado a la creación de una Ley de Acuicultura independiente. Una ley que reconozca que el desarrollo de la maricultura es imposible con permisos de apenas un año, y que proponga Autorizaciones de Ocupación a Largo Plazo (mínimo 10 años) para estimular la inversión y brindar seguridad jurídica.
Desafíos Logísticos y Competitividad.
La optimización logística es nuestra asignatura pendiente. Mientras países vecinos como Brasil y Colombia logran costos de producción competitivos (entre US$ 1,15 y US$ 1,55 por kilo de tilapia), gracias a economías de escala y legislaciones promotoras, el productor venezolano enfrenta un camino empinado:
- Energía y Combustible: Un suministro inestable que obliga a la autogeneración, elevando costos operativos.
- Transporte y Exportación: Escasez de mecanismos de movilización que dificultan las operaciones y encarecen el producto final.
- Carga Tributaria: Un sector pechado con aranceles de importación, de producción bruta, de movilización de alimentos, e IVA en insumos críticos, a diferencia de otras actividades primarias.
Nuestra Propuesta: El Plan Nacional de Acuicultura
No podemos improvisar el crecimiento. Urge tener un conocimiento preciso de la información acuícola, como estadísticas productivas y registro de unidades operativas, para poder tener un punto de partida claro. Necesitamos un Plan Nacional de Acuicultura nacido de una convocatoria amplia, que establezca metas plausibles y verificables, modelos productivos diversos, programas de zonificación que definan áreas apropiadas para cada cultivo. Es preciso disponer de una infraestructura diagnóstica y programas de bioseguridad. La simplificación de trámites a través de una Ventanilla Única no puede ser más una promesa, debe ser una realidad que elimine la burocracia que hoy dura años.
Un Compromiso Compartido.
Desde la SVA, mantenemos nuestras plataformas orientadas a procurar un crecimiento armónico y responsable del circuito acuicultor. Invitamos al Ejecutivo y Legislativo Nacional, así como a todos los actores del sector, a unirnos para trabajar en esta nueva hoja de ruta. La meta es clara: convertir a la acuicultura en la principal referencia agroproductiva de Venezuela, mejorando la ingesta proteica del ciudadano, el nivel de vida de amplios sectores rurales y asegurando al país un lugar digno en el comercio global. Es un paso imprescindible para conformar una verdadera industria, como otras naciones vecinas que hoy descollan en el contexto acuícola internacional.
Es tiempo de dejar de ver al acuicultor con sospecha fiscal y empezar a verlo como el aliado estratégico que es.
Eduardo Castillo
Presidente de la SVA